Obras sobre papel, 21 x 21 cm. Técnica mixta
Amenaza
Entrañas del arte
Mis dibujos son
parte de un todo, una reserva de imágenes que en algunos casos pasan a formar
parte de obras en otras técnicas. La práctica de un dibujo de tipo realista,
incluso hiperrealista, que he realizado a lápiz durante la última década, más
concretamente a partir de 2003, surgió de la disconformidad con las figuras humanas
que dibujaba en algunos de mis bocetos para futuras pinturas.
Ya antes, y sin proponermelo conscientemente,
había ido adoptando una postura que, debido a apropiaciones y
resignificaciones, puede ser encuadrada en el marco de lo que se ha
caracterizado como posmodernismo -en oposición a la autonomía del arte
predicada por en modernismo-, un concepto que a su vez ha sido cuestionado por
quienes afirman que nuestro tiempo ya es pos-posmoderno. Digamos entonces una
postura contemporánea.
Hasta mediados de los
años 90 trabajé casi exclusivamente con elementos geométricos, y con otros
elementos figurativos referidos a la realidad (representaciones de nubes,
cuerdas, hojas), aunque, por el tratamiento del color y la espacialidad de las
obras, no eran de carácter realista. La investigación sobre variaciones de
estructuras y organización de los elementos geométricos de esa época comenzaban
a mostrar ciertos signos de agotamiento, lo que coincidió con mi deseo de integrar
la figura humana en mis obras.
Amenaza #2
Ataduras #2
Campo magnético
Censura
Cicatrices
A partir del
2000 comencé a interesarme por la obra de una serie de fotógrafos, de
“clásicos” como Man Ray y George Platt Lynes a contemporáneos como Robert
Mapplethorpe, Mark Morrisroe y Wolfgang Tillmans. Todos fotógrafos que han dado
al cuerpo humano un lugar central en sus obras. Ya con anterioridad había
“botanizado” en la fotografía del siglo XIX, especialmente los trabajos de los
fotógrafos que retrataban modelos -tanto mujeres como hombres-, imágenes que
luego vendían a artistas que las utilizaban como base para componer sus
pinturas. Imágenes que provenían de esas fuentes tan variadas, las utilicé,
ubicadas en otros contextos, y combinadas con otras, en varias de mis pinturas.
Mis estudios teóricos
en la Universidad
de Lund, Suecia, que culminaron en 1994 con un doctorado en Historia y Teoría
del Arte, tuvieron como efecto colateral un continuo contacto con imágenes de
todas las épocas, muchas de las cuales me servirían, en distintos momentos y en
forma no explícita, como fuentes de inspiración. Desde artistas como Velázquez,
Zurbarán y Goya (por la espacialidad, la luz, y el interés por lo social y lo
político respectivamente) a pintores contemporáneos tan dispares como Frida
Kahlo y Egon Schiele (lo autobiográfico), Francis Bacon y Lucian Freud (el
tratamiento del cuerpo), Robert Rauschenberg (los combine paintings con objetos) y Ellsworth Kelly y Sean Scully (las
variaciones formales).
Con la soga al cuello
Culpa
Desapareciendo
Dobleces
El fantasma de Edvard Brandes
Otras de las
áreas de conocimiento que despertó mi interés a mediados de los años 90 fue la
visión de sociólogos y antropólogos sobre el cuerpo humano, un motivo que desde
entonces pasó a ocupar un lugar central en mi obra. Este cruzamiento de
intereses fue alentado por el fermental ambiente académico de “mi” universidad
-una de las más importantes de Escandinavia-, en un momento en que todo trabajo
académico que se preciara de tal debía incluir citas de textos de Michel
Foucault y Jacques Derrida, y en el caso de los historiadores de arte de Arthur
Danto. No en vano una de mis pinturas más emblemáticas de esa época, Palabras sobre el cuerpo I, de 1996,
basada en un desnudo femenino tomado de una fotografía del siglo XIX, incluyera
una frase, en el inglés original, de la antropóloga estadounidense Mary Douglas,
que, en mi propia traducción, dice: “El cuerpo, como vehículo de comunicación, es
malentendido si es tratado como una caja de señales, un marco estático que
emite y recibe mensajes estrictamente codificados. El cuerpo comunica información
para y desde el sistema social del que forma parte.”
El acercamiento a
posturas posmodernas, o contemporáneas, radicalmente diferentes a la visión
modernista en que se había basado mi formación en Uruguay, implicó que en mi
obra fueran apareciendo elementos relacionados al género, la orientación sexual,
la etnicidad, lo social y lo político.
Eran tiempos de las teorías queer y
el estudio de las “masculinidades” (en plural), así como del cuestionamiento de
la visión patriarcal. Otro autor entonces frecuentemente citado era Pierre
Bourdieu, que sobre el tema escribió en La
dominación masculina: “La fuerza del orden masculino se descubre en el
hecho de que prescinde de cualquier justificación: la visión androcéntrica se
impone como neutra.”
Esto no es un hombre
Fuerzas naturales
La sonrisa de Robert
Love and Hate
Maltrato
La discusión de
los temas relacionados a la etnicidad me implicaban directamente, ya que mi
condición de extranjero en Suecia significó que fuera clasificado como
perteneciente al heterogéneo colectivo de los “cabezas negras”, un concepto
racista popularmente usado para referirse a los inmigrantes no étnicamente
“puros”. De esa problemática surgió la idea de realizar Pelo negro - Cabeza blanca, una obra de 1997 muy cercana al arte
óptico, en la que intercalé tiras de un centímetro de ancho provenientes de dos
fotografías de mi cabeza en perfil: una con una abundante cabellera negra y
otra con el pelo rapado. El movimiento del espectador, que lleva a un cambio de
perspectiva, implica lo que puede interpretarse como un pasaje de una a otra
condición étnica.
El devenir político
también dejó su impronta en mi obra. Tanto la historia reciente de Uruguay, que
“sufrí” en carne propia, y que me llevó a un prolongado exilio político en
Suecia, como los sangrientos conflictos étnicos y religiosos que tuvieron lugar
en distintas partes del mundo -incluso una vez más en suelo de Europa con la
cruel guerra de los Balcanes- se fueron imponiendo como temas que quería
comentar plásticamente, una suerte de exorcismo contra los horrores ya vividos.
Así surgieron las series Torso de guerra
y Anatomía del horror, así como figuras
que van desapareciendo, cuerpos bajo el agua, hombres y mujeres tirados al río.
Marcas sobre el rostro
Modelo reconstruida
NN
Nube radiante
Puntos eróticos
Los motivos se
fueron multiplicando, desdoblando, surgiendo unos de otros, tratados en
diferentes técnicas, y aún en tres dimensiones. Una sucesión de
transformaciones que continúa hasta el presente, una suerte de haz de líneas
estéticas que conforman la trama de una obra que generalmente es considerada muy personal. La interrelación de los motivos
trae a cuento la definición de rizoma, en palabras de un teórico de la estética
y el lenguaje como Humberto Eco, que -basado en un pasaje de Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia
de Gilles Deleuze y Felix Guatarri- definió así el concepto en El vértigo de las listas: “esa
modificación subterránea del tronco de un vegetal en que cada punto puede ser
conectado con cualquier otro punto, en el que no hay puntos o posiciones sino
tan solo líneas de conexión. De este modo un rizoma puede romperse en un punto
cualquiera y retomarse siguiendo la propia línea; es desmontable, puede
invertirse; no tiene centro, conecta un punto cualquiera con otro punto
cualquiera, no es genealógico como una raíz, no es jerárquico, carece de centro
y en principio no tiene no comienzo ni fin.”
Los dibujos de tipo
hiperrealista que realicé a partir de 2003 fueron en su mayoría versiones
dibujadas de fotografías, apropiaciones de motivos que de por sí ya eran
resultado de un trabajo con la luz, el encuadre y la composición. Aunque las
variaciones y transformaciones que introduje fueron muchas y de distintos tipos.
Algunos de esos dibujos, entre otros los que ilustran esta publicación,
permanecieron en su forma original, mientras que la mayor parte del material
fue la base de una serie cuyo título de trabajo es Intervenciones.
Salvar los bichos
Salvar los bichos #2
Sebastián de las espinas
Sistemas opuestos
Sueño
Esta serie
surgió de la idea de intervenir los dibujos, transformándolos y
resignificándolos, con el objetivo de integrarlos, ya sin el carácter de
“copias”, al corpus de mi obra. La forma de trabajo fue radicalmente opuesta a
la técnica depurada y controlada que hasta ahora he usado en mi pintura, ya que
comencé a usar métodos que podrían caracterizarse como “desenfadados”. El papel
atravesado por espinas y alambres, chorreados y salpicaduras, en general rojas,
“mi” color, Dibujos rotos, cuyos pedazos son vueltos a reunir cosidos con hilo,
una suerte de deconstrucción y posterior reconstrucción “defectuosa”. Las obras
también han sido “bordadas”, con hilos rojos y negros, que fueron aplicados de
distintas formas sobre los dibujos subyacentes. Palabras escritas o bordadas,
recuerdos de viaje, referencias a canciones que forman una banda de sonido
personal, todo es incluido sobre los papeles que forman parte de una nueva propuesta.
La dinámica de un
proceso de trabajo intenso y revelador también me llevó a, paralelamente, ir
creando otras obras sobre papel que ya no eran intervenciones, sino que eran
comentarios, desarrollos y desprendimientos de las primeras. Todo ese variado
material, con temáticas totalmente dispares pero relacionadas rizomaticamente, es
parte de una suerte de work in progress,
que será mostrado en forma de un friso continuo cuya medida, si se montara hoy,
ya ha sobrepasado los cuarenta metros.
Tatuajes
Tirado al río
Torso expuesto
Tras la papeleta
No acostumbro escribir sobre mi arte, aunque
escribir sobre arte es mi oficio. Hace veinte años afirmé en esta misma
publicación, en un texto titulado “Reflexiones”, que no acostumbro “explicar”
mi arte. Una postura que sigo manteniendo. Aquí doy algunas pautas de los
variados mecanismos en que se basa mi actividad artística. Parafraseando
visualmente -si es posible- la herida en el vientre del caballo del Guernica de
Picasso, la que deja entrever el interior de la figura, este texto es un
intento de exteriorizar las entrañas de mi arte.
Pedro da Cruz
Publicado en la revista Relaciones, No. 343, Diciembre 2012, Montevideo.
Zanahoria































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